Permaneció agazapado contra aquel muro, esperando oculto y en alerta. No necesito asomarse para constatar que él estaba allí; lo podía sentir en cada una de sus células, totalmente en tensión y dispuestas a ordenarle que se abalanzara sobre él y lo despezara con sus garras. Pero tenía que ser cuidadoso. No había llegado tan lejos como para echarlo todo a perder por el instinto.
Se permitió echar un vistazo con suavidad y en el acto notó como una oleada de furia se propagaba por su cuerpo. Allí estaba, totalmente quieto como si fuera una estatua de piedra. Se hallaba asomado justo al borde del edificio, totalmente concentrado en lo que sucedía allí abajo. Extrañado, agudizo el oído para escuchar lo que ocurría allí, a diez pisos por debajo de él: tráfico, gente caminado, la sirena de un colegio… Absolutamente nada importante para que le prestara más atención. Pero sin embargo allí estaba él, totalmente inmóvil y observando a los humanos como si realmente los apreciara de alguna forma...
Era su oportunidad. Él estaba distraído, algo que le costaría la no-vida. Con suavidad, se deslizó fuera de la protección del muro y se acerco a él. No podía alertarlo, pero dejo que sus manos crecieran hasta convertirse en un par de enormes garras. Casi podía sentirlo, sus garras desgarrando su fría piel, hundiéndose en su congelada carne hasta…
El sonido de una risa le entro por el tímpano, paralizándole por completo. Desvió su mirada de forma instintiva hacía el borde del edificio, frunciendo el ceño. ¿Qué le ocurría?
Cuando volvió a tener consciencia de sí mismo, deslizo su mirada hacía él y se dio cuenta de que lo estaba mirando directamente, con la cabeza vuelta levemente hacía él. Sintió un escalofrío en su espina dorsal, cosa que le provoco un gruñido desde lo más hondo de su garganta. Se abalanzó sobre él, pero cuando su zarpa cayó tan solo araño el espacio vació. Delante de él no había nada ni nadie y no pudo evitar lanzar un potente bramido.
Furioso, se cernió de forma peligrosa sobre el borde del edificio, deseando saber que demonios era aquello que había estado mirando con tanto interés. Allí abajo, los humanos caminaban de forma caótica. Fijo su mirada en un grupo de humanas, estudiantes por el conjunto de ropa que llevaban todas. Pero él no se fijo en ellas, sino en ella.
Llevaba una cartera en el antebrazo, los libros más pesados en sus brazos. Era algo pequeña comparada con el resto de las chicas y su piel de alabastro brillaba bajo la luz de las farolas. El cabello recogido en un pulcro moño rojo como el fuego del infierno, con tan solo unos cuantos mechones despeinados. Desde aquella distancia, él no pudo recopilar nada más de ella. No supo que era lo que le había llamado la atención, ni porque le parecía ver un leve brillo sobre su cabeza. Pero la vio, la vio por encima de todas las cosas y de todas las personas.
Y supo que no la podría olvidar nunca esa figura.
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Capítulo 1 - Secuestro expressUna semana después…
Arabella Crown resopló, dejando que la nube de vapor que salía de su boca se desvaneciera. Notó el aire helado de la noche en su nuca y en aquel momento maldecio haberse recogido el pelo en un moño alto. Tras ella, la música del local resonaba tras las gruesas paredes, siendo aún comprensible. Delante de ella, una chica embotada en un corto vestido se hallaba entre un par de cubos de la basura, vomitando todo lo que había bebido aquella noche.
Con un suspiro, Bella se acerco a la chica.
-María, ¿estas bien?
-¡Claro que lo estoy! –grito la chica con una sonrisa, claramente ebria. -¡Volvamos a dentro!
María se tambaleo de forma peligrosa, por lo que Bella tuvo que agarrarla del antebrazo. La chica olía a alcohol y humo. Tenía la larga melena pegada al cuello por el sudor, el maquillaje levemente corrido.
-Deberías sentarte… -propuso Bella, haciendo que la chica se sentara con la espalda pegada al muro. La chica hizo ademán de quejarse pero cerró los ojos de forma pesada.
Bella resopló, ajena a lo que debería hacer en aquel momento. ¿Por qué su mejor amiga tenía que beber como si estuviera deshidratada? Dejo que su mirada vagara por el callejón, tan solo ocupado por unos cubos de basura. Estaba totalmente cerrado a los peatones, por lo que tan solo había una entrada: la puerta de la discoteca que había a la espalda de Bella.
Por lo que no pudo evitar fruncir el ceño cuando distinguió una figura en el fondo del pequeño callejón. Era una figura alta, por lo menos le sacaba dos cabezas y parecía estar caminando lentamente hacía ellas. Seguramente tan solo era un chico que había salido a tomar el fresco y quería volver a entrar en la discoteca…
Sin embargo, cuando el chico se coloco en la zona iluminada Bella no pudo evitar una exclamación ahogada. De cerca era más alto aún y tenía las facciones duras y angulosas. Tenía el cabello fino y algo largo, totalmente despeinado y de un rubio claro. Tan solo llevaba unos vaqueros y Bella desvió la mirada por su torso desnudo mientras fruncía el ceño.
Lentamente, el chico la apuntó con un dedo e hizo el movimiento propio para indicarle que se acercara. Bella miró a su espalda, esperando que aquel bombón estuviera llamando a alguien que hubiera salido de la discoteca. Pero allí no había nadie más que ella, por lo que volvió a mirarlo con incredulidad. Había algo en aquel chico que era perturbadoramente peligroso.
-María, deberíamos entrar de nuevo… -dijo Bella de forma urgente, pero se dio cuenta de que la muchacha no estaba donde la había dejado.
A su espalda escucho como la puerta de la salida de emergencia se cerraba, dejándola segura de que se había marchado como si nada. Clavó su mirada en el chico, que volvía a acercarse a ella de forma amenazadora, sin apartar la mirada de ella. Bella se vio reflejada en aquellos ojos, dorados como la miel.
-Tú. –dijo el chico. Su voz sonó grave y engañosamente calmada, como si esperara a que pasara algo. –Ven aquí.
-¿Cómo? –preguntó Bella, esperando haber oído mal.
Lentamente, Bella negó con la cabeza mientras veía como la cara del chico se transformaba en una mueca de furia. Sus ojos dorados brillaron con más fuerza y se acercó rápidamente a Bella dando dos zancadas. Bella se dio la vuelta, dispuesta a salir corriendo de vuelta a la muchedumbre de la discoteca, pero el chico la agarro con fuerza del brazo, provocándole un sordo dolor por todo el brazo.
-Ven. –murmuro entre dientes el chico y Bella vio alarmada un par de enormes colmillos.
-¡Suéltame! –gritó Bella, intentando que el chico la soltara. Pero tan solo consiguió que él la apresara con más fuerza.
-¡Cállate! –bramo el chico, levantándola del suelo y cargándosela al hombro como si fuera un saco.
Bella pataleó con furia, mientras el muchacho apretaba con fuerza su cintura, provocándole otra oleada de dolor. De repente, el chico pegó un salto y Bella pudo ver como el suelo se alejaba de forma peligrosa, como si de repente volaran. Un chillido murió ahogado en su garganta, dejándola completamente muda. Todo aquello tenía que ser una pesadilla. O eso o se estaba volviendo completamente loca.
*
Nathaniel sujeto con fuerza su cintura mientras se agarraba con algo de dificultad al borde del tejado, teniendo suerte de que aquel edificio tuviera tan solo un par de pisos. Cuando se incorporó, noto que la chica estaba totalmente inmóvil pero no tenía tiempo de pensar en ella. Echo un rápido vistazo a aquel tejado, complacido de que aquel local estuviera algo apartado. Así no tenía edificios cercanos desde los que pudieran atacar.
-¡¡Suéltame!! –gritó de repente la chica de forma aguda, sobresaltándolo y haciendo que lanzara un gruñido ante sus frenéticas patadas.
La soltó como quien suelta a un saco de piedras, dejado que tropezara con sus propios pies. Ella alzó la cabeza, mirándolo directamente a los ojos y él pudo notar como un escalofrío recorría su piel, pero no supo decir si era de miedo o de frío. La chica llevaba un top oscuro que dejaba sus brazos totalmente al descubierto, unos pantalones cortos y unas botas muy altas sin ningún tipo de tacón. Llevaba el pelo, rojo como el fuego del infierno, recogido en un desecho moño y era algo más bajita de lo que había esperado. Vio como miraba a su alrededor con sus inquisitivos ojos verdes, dos esmeraldas incrustadas en su cara, esperando encontrar alguna respuesta a lo que le estaba pasando.
Pero él sabía que aquello no era ninguna imaginación. Dio un paso hacía ella, dispuesto a llevársela de allí pero ella retrocedió.
-¡No te acerques a mi! –le grito, pero él no le hizo caso
Con un gruñido, la agarro de nuevo por la cintura pero ella lo estaba esperando. Sintió como su puño impactaba contra su mejilla, demasiado cerca de su ojo como para que no le doliera. Se movió con rapidez, apartándose de sus brazos y agachándose, lanzándole una patada a las piernas que lo tumbo. Nathaniel lanzó un gruñido y se levantó, pero se quedo paralizado cuando la vio tan cerca del borde.
En sus ojos brilló la determinación.
-Si te acercas a mi saltaré. –le amenazó de forma vacilante, como si realmente no estuviera segura de lo que iba a hacer.
Nathaniel se dio cuenta de que debía encontrar la forma de hacerle creer que no le importaba que se tirara. Una caída de dos pisos no la mataría, pero él no estaba lo suficientemente seguro de que aquella criatura tuviera alguna clase de poder para salvarse. Por lo tanto, lo único que le quedaba es que ella estuviera lo suficientemente segura de que no le importaba que se matase. Cosa que no le costaría fingir.
-Adelante. –dijo calmadamente, mientras se acercaba a ella como quien da un paseo. –Me da lo mismo si te consigo medio muerta que sana.
-¿Conseguirme? ¿De que demonios estas hablando? –le pregunto la chica y Nathaniel pudo notar la curiosidad brillando en sus ojos. -¡Estas loco!
Nathaniel sopeso aquello durante unos segundos, pensando que realmente debía de estar loco. ¿Cómo había sido capaz de pasarse una semana buscándola a ella en vez de matar a aquel… ser? La verdad es que le había costado tanto encontrarla por que estaba oculta. Ahora lo veía con más claridad. Aquel halo de oscuridad tan solo podía corresponderse a un poder oscuro, el de una bruja seguramente.
Todo le quedaba mucho más claro.
-Mira bruja, no tengo toda la noche para quedarme charlando. Vas a venir conmigo, entera o con un par de huesos rotos porque esa caída no te matara.
La chica pareció pensárselo por unos segundos, mirando la altura que había y, Nathaniel se regocijo por ello, dándose cuenta de que él tenía razón. En un segundo, Nathaniel recorrió la distancia que los separaba y la agarro con fuerza del brazo, haciendo que ella volviera la cabeza con violencia hacía él.
-¡¡Suéltame!! –repitió por tercera vez aquella noche, pero él le hizo el mismo caso que las veces anteriores.
De repente, algo cambió en el ambiente. Todo se volvió extrañamente silencioso y Nathaniel sintió como una helada brisa le ponía los pelos de punta. Miró a su alrededor sin prestar atención a los esfuerzos de la chica por liberarse de su agarre de acero, escudriñando en las sombras. Era cierto que el local estaba algo apartado, pero a tan solo un par de manzanas se erguía la gran urbe de la ciudad…
Una sombra se movió a lo lejos, pero su ojo capto el detalle a la perfección. Un gruñido furioso salió de su garganta y pudo notar como la bestia pugnaba por salir, por tomar el control de su cuerpo e ir en busca de…
-¡Au!
Aquel grito hizo que tomara consciencia de que una de sus manos se había transformado hasta el punto de clavarle sus garras en el brazo. La soltó como si su contacto quemara, sintiendo algo extraño en su estomago por el terror que había reflejado en sus ojos.
Pero no tenía tiempo que perder. Con otro gruñido, la agarro y cargo en su hombro, sin que esta hiciera nada por detenerlo. Salió de aquel tejado de un salto, aterrizando en el pavimento con un sordo estruendo. Corrió en dirección a los altos edificios, sabiendo que la chica lo hacía moverse con más lentitud. Intentó controlar sus pensamientos en ponerla a salvo.
-¿Dónde hay una iglesia? –pregunto sobre el ruido de su carrera.
-¿Qué? –tartamudeo ella, echándole el aliento en su nuca y provocándole un escalofrío.
-¡¡Una iglesia!! –rugió, cada vez más furioso.
Podía notarlos detrás de ellos, acechándolos y cavilando sus movimientos. Pero no podría pelear con ellos antes de ponerla a salvo. Era algo que le pedía todo su ser: mantenerla con vida.
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Autora: Elle
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