lunes, 17 de octubre de 2011

El tiempo de Ann INICIO

Capítulo 1

Recordaba el momento exacto en el que había aparecido en ese horrible lugar. De boca abajo, confundida y desorientada. Casi podía tragar la tierra suave y gris de bosque de escasos árboles, mientras intentaba reaccionar.

Había tres frases que no podía parar de gritar dentro de mi confundida mente.
Que diablos...? Como demonios...?  Donde mierda estaba?
Eso era todo y no había respuesta.
Lo demás, fue horror.

Mis jeans estaban sucios, yo estaba sola y todo estaba oscuro. Estaba asustada, no podía negarlo. Caminar en la oscuridad en medio del frío no era mi actividad predilecta. Hubiera deseado que solo eso pasara. Soportar el frío, era lo de menos. En cansancio, el miedo, todo eso era lo de menos.
Ruido de caballos. Eso es lo que pude oír, entonces. Y por un breve momento, creí que era mi salvación. Alguien me encontraría y me ayudaría volver a casa.
Mientras corría hacia aquel maravilloso sonido, que pasaba a ser el de una carretea, deseaba fervientemente que la persona aquella fuera amable y buena. Fue todo lo contrario, fue cruel y maldita.

Me cruce en el camino de tierra que seguía aquella carroza justo a tiempo. Los caballos se detuvieron con un relinche y una mujer, grito, con voz mandona, que porque diablos se detenía, desde la carroza. La puerta de la lujosa carreta se abrió con un golpe y la mujer que bajo, vestida como en el año 1700, fijo sus ojos fríos en mi. Me la vi venir.
- Por esto paraste? - le pregunto al hombre sentado delante de la carroza, sujetando las riendas de los caballos, con un desprecio significativo, como si yo fuera la cosa mas repúgnate del mundo.
- Señora - se excuso el hombre - os ruego que me perdonéis, no podía pisarla.
La mujer me miro con repentino interés.
- estáis perdida, muchacha?
Asentí con la cabeza, aun abrazada a mi cuerpo.
- Responde como corresponde, Cría! - me grito.
La mire ofendida. Nadie me gritaba. Fuera menor que esa mujer, me merecía respeto.
- hábleme usted como corresponde señora, no tiene porque tratarme así - respondí de mala gana.
La mujer camino hasta mí.
- pero que insolente! - y antes de que la viera, me metió un cachetazo. Me quede dura en mi sitio, para luego mirar incrédula a esa mujer loca. Entonces, me aferro de una brazo con fuerza y arrastro a la carroza, mientras clavaba sus uñas en mi piel - vais a pagármelo, mocosa!
Me metió en la carroza de un empujón. No entendía nada y no entendí nada hasta el momento en que me bajo de allí y me metió en un edificio lleno de...prostitutas. Eso eran esas mujeres. Por mas que se vistieran como 300 años antes, eran prostitutas, que meneaban sus traseros y sus pechos caídos y regordetes delante de las caras de varios hombres borrachos y de cualquier clase social...que...también vestían como en otra época. La mujer volvió a aferrarme del brazo y me hizo cruzar el lugar hasta unas escaleras, en donde, en el piso superior me lanzo dentro de un cuarto, con una cama matrimonial con un colchón de plumas agujereado y manchado, mientras mi pánico crecía, mientras comprendía...
- Ahora si lo pagareis, mocosa - y le lanzo un vestido, gris, feo y gastado - trabajaréis para mi  Lady Linnet - sonrío maliciosamente - así que ve abriendo las piernas.
Cerró la puerta con un portazo, dejándome con la boca abierta y el miedo en la garganta.
Oh dios...
Golpee la puerta con los puños, durante horas. La había cerrado con llave, Lady linnet, que no tenia nada de Lady, aunque se vistiera como una, me había apresado.
Le gritaba que yo no haría eso, que no era una prostituta, que no me acostaría con nadie. Pero nada paso. Me rehúse a ponerme ese horrible vestido, porque era como aceptar el trabajo más sucio del mundo. No vendería mi cuerpo para que otra persona se enriquezca, me deje caer en el suelo, apoyando la frente en la puerta de madera. Y comencé a llorar asustada y desesperada.
Hasta que la puerta se abrió de forma brusca y me golpeo en la cabeza. Caí de espaldas al suelo, maldiciendo. Abrí los ojos, mientras me frotaba la frente. Lady Linnet me veía con superioridad.
- Tu primer trabajo niña - dijo.
Mi rostro, mi cuerpo y mi entrepierna se lleno de pánico. Linnet se corrió para dejar entrar a un muchacho, de la edad de ella, fornido, alto, carilindo y extremadamente bien vestido. Como un rey, así se vestía.
- Espero que esto satisfaga sus deseos, alteza, aunque tengo muchachas mejores.
Alteza. Pues si, era Rey.
Empezaba a dudar que estuviera en el siglo 21.
El chico entro al cuarto, mirándola con una sonrisa altanera en la cara.
- esta bien así, es bonita.
Lady linnet hizo una reverencia y cerro la puerta detrás de si. Me arrastre por el suelo, alejándome de el.
- no te me acerques- advertí - me da igual quien seas, no me toques.
- Os da igual, muchacha? - repitió él, avanzando con paso lento, mientras se descolgaba la capa - sabéis quien soy, por supuesto.
- Pues no - me levante y me pegue a una de las paredes, lo más lejos posible - solo me perdí y esa bruja me trajo aquí antes de que pudiera reaccionar. No soy una prostituta.
- Pues, a mi me da igual - él me miro a los ojos, unos increíbles y bellos ojos verdes, que hacían juego con su rostro atractivo y su cabello rubio - que no seáis una prostituta.




Cada día de mi normal vida como nueva e inexperta ciudadana Argentina, acostumbraba a subirme a un colectivo atestado de gente a las 6 de la mañana, con la intención de poder llegar a la universidad, en una pieza...y aun virgen.
Era una tarea especialmente complicada. Pararte a las 6 de la mañana, aun de noche en una parada de bus concurrida por gente no muy "bonita" era solo el comienzo. Era odioso hacer la fila para bus, esperar y esperar y ver como gente estupida, si eso era, miraban la fila con gesto ausente y se paraban donde se les daba la gana y luego, se metían por la puerta de bus antes de que consigas llegar, dejándote colgada por la puerta. Porque no puedes perder ese colectivo, si lo haces, llegas tarde. Entonces, tienes que llegar a la maquina expende boletos y lograr meter las monedas, mientras te empujan hombres 3 cabezas mas alto que tu y segundamente 4 veces mas anchos, teniendo cuidado de que no te arrebaten el celular y tu dinero, y procurando no dejar caer tu bolso, que se te patina por tu campera impermeable. Uf, al fin el boleto, miras hacia la parte del colectivo, humanos apretados como sardinas dentro de una lata...e igual de olorosos. Te abres paso, con un suave y pequeño "permiso" con tu voz de nena recién salida del colegio. Todos miran para abajo como la pequeña chica se abre paso y logras a duras penas sujetarse de barandal, que esta algo lejos. Podrías estirar el brazo hacia arriba y sujetarte de los barandales del techo, pero eres muy bajita para hacerlo. Después de un parada, en la que tu brazo estuvo a punto de desprenderse de tu cuerpo, mucha gente baja del bus y puedes por fin ver el aire entre las personas. Logras sujetarte mejor y acomodarte. Entonces empieza la adivinanza.
A ver quien tiene cara de bajarse primero
Calculas las posibilidades por el aspecto y la experiencia que tienes en saber que tipo de gente se baja en tal y tal parada. Y si te paras delante de la persona correcta, se ira y te dejara su asiento.
7 de cada 10 veces, la erras pero de forma increíble. Así que tardas tanto en sentarte. Cuando finalmente lo logras, el resto del viaje es pan comido.
Luego esta la universidad. No desentonas allí, con tu bolso, tus carpetas, tu paso apresurado, tus dudas. Todo esta lleno de chicos de tu misma edad y hasta algunos saben menos que tu. Sencillo.
Regresas a tu casa, apretando las piernas, sentada en el bus, porque te niegas a pisar aquel baño del subsuelo de la universidad publica en donde 2 de los 9 baños no tienen las puertas trabadas y los dos usables...pues...están en pésimas condiciones y huelen a cloaca. Podrías ir tranquilamente al baño del segundo piso, mejor cuidado, pero claro...esta en el segundo piso! Que como hay un entrepiso, se convierte en el 3ro. No, ni por casualidad, muchos tramos de escaleras. Llegas con las piernas acalambras y falta de aliento. Y también podrías tomar uno de los ascensores, que están ahí desde antes de que Evita impusiera el voto femenino.
Por fin llegas a casa, comes desesperadamente, por lo poco que desayunaste por la mañana y por la agitación de tu mañana.
Y luego, por dios, necesitas dormir. Te hechas la siesta de tu vida. Te despiertas a las 7 de la tarde, con más hambre, haces una merienda en grande, cenas 2 horas después y después, a las 11 ya tienes sueño de vuelta. A la cama mujer!
Así es, todos los días de la semana. Hay variación los fines de semana. Casi no sales de tu casa durante el día y por la noche, bar con tus amigas.
Incorporarse a la vida adulta no era muy difícil en mi caso, mas bajo el ala de mis padres. Pero se nota hasta por los poros cuando eres inexperta. Todos te pasan por encima, es común. Aunque es extremadamente gratificante encontrar a alguien amable por la ciudad, te hace sentir que, no todos son tan insensibles o mal educados.
En cierta forma, aun así, me sentía incompleta, como si esa vida que estaba viviendo, no fuese mía o realmente permanente como lo sentía cuando iba a la secundaria. Quizás era porque todo era periódico, las profesoras, los compañeros, las aulas. Al finalizar el segundo cuatrimestre, había echo varios amigos, la mayoría con los que compartía todas las clases. Me asustaban un poco los nuevos horarios y la incertidumbre de no saber si volvería a compartir clases con aquellos que ya conocía.
Quería que los horarios estuvieran disponibles en Internet de una vez por todas para poder compararlos con mis compañeros. En especial, me llevaba muy bien con una chica, Melissa, con la que terminábamos contándonos casi todo, anécdotas, vivencias amorosas, cosas de la vida. Era extraño, pero parecía que nos conocíamos desde hacia mucho mas tiempo. Hasta incluso, empezábamos con las incoherencias como las que solía empezar con mis amigas de la secundaria. Nos encontrábamos en medio de la universidad halando de si los vampiros volaban o no, hasta que nos dábamos cuenta de que...estábamos hablando de algo que ni existía. O empezábamos a inventar animales con nombres de lógicos y científicos.

Melissa escribió la palabra Popper en mi cuaderno, en medio de la clase de pensamiento científico. Yo no había estado escuchando, por lo que no sabía que Popper era n científico que sentó las bases del refutacionismo, dentro del tema de los métodos científicos.
- que es Popper? - pregunte.
- No se - contesto Melissa - creo que es un bicho extinto- bromeo. La profesora daba clase, pero nosotras la ignorábamos.
Hice trazos y dibujos abstractos en mi hoja. Empecé dibujado un conejo y antes de que me diera cuenta había escrito la palabra Popper sobre mi conejo.
- que es eso? - Pregunto Melissa con sorna.
- Un Popper - respondí, algo tentada de risa.
- eso es un conejo, Anabella - mi amiga arqueo las cejas, intentando parecer seria, mientras escondía una risa.
- No, no lo es. Es un Popper, My Little Popper, My Little Popper! - conteste, imitando la canción de Mi pequeño Pony.
Melissa estallo en risas bajas. No podíamos estar riéndonos de eso, pero continuamos hasta que termino la clase y pudimos relajarnos y suspirar.
- No voy a entrar a Antropología hoy - le avise a Melissa. Estaba cansada. Eran las 3 de la tarde y estaba en la universidad desde las 8 y media, y no pensaba aguantar hasta las 5.
Melissa puso mala cara.
- Bien - acepto mientras se colgaba su bolso gris por el hombro - la verdad es que me estoy tentando de irme contigo. Pero debo quedarme, no tengo un 9 en el primer parcial como tu.
- pues hazlo!
Me despedí de ella, muy dispuesta a volver a mi casa y disfrutar de una tarde de vagancia, como a mí me gustaban, navegando en Internet y comiendo algo dulce.
Me encantaban las cosas dulces, el chocolate, el dulce de leche, etc. Podía meterme una cucharada sopera de dulce de leche en boca, una tras otra y no empalagarme. En la facultad vendían Brownies y Lemonies. A veces me compraba uno a media mañana, cuando moría de hambre por lo poco que había desayunado, por salir apurada todos los días. Y otras veces, lo compraba y no tenía oportunidad de comerlo, así que quedaba en mi bolso para cuando regresara a casa. Eso era lo que me había pasado ese día, tenía un Lemonie en el bolso.
Me subí al bus, feliz de conseguir lugar para sentarme, casé los auriculares, y como siempre, pase todo el viaje escuchando música, ignorando las miradas de los tipos de 25 años para arriba que me carcomían con los ojos.
Yo no era toda una belleza, la verdad. Media 1,58 m. Era delgadita también, así que era pequeña, pero sin exagerar. Tenía el cabello castaño oscuro, los ojos también cafés, rostro ovalado, una nariz pequeña. Era bonita, lo suficiente como para conseguir alguna conquista de vez en cuando, o para lograr que algunos me mirasen. Pero si había algo que detestaba de mi cuerpo, era el poco pecho que tenia. No era una completa tabla de plancha, tenia elevación pero...eran tan...pequeños! Lo que me salvaba un poco, era que tenía el trasero bastante lindo para mi gusto y no me sentía complemente frustrada por la falta de carne en mi cuerpo.
Aun así, esos tipos me miraban como si fuera el asado más delicioso del mundo, y se les cayera la baba de solo pensar en hincarle los dientes. No quería imaginarme que pasaría si vieran a esas típicas chicas bonitas y extremadamente bien dotadas.
Me baje del colectivo y tropecé con una piedra del asfalto, de forma consecutiva. Baje y caí.
Puse las manos antes del llegar al suelo, y me las golpee fuertemente. Levante la cabeza, muerta de vergüenza y de me quede muda del asombro y del susto.

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Capitulo Copiado Exactamente igual sin Ninguna Edición.

Autora: Haruhi_Overs

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